Ottawa y Ontario ponen mil quinientos millones sobre la mesa para que Toronto construya viviendas más baratas

Hay cifras que suenan bien en un comunicado de prensa y otras que realmente pueden cambiar algo. Lo que se anunció ayer en Toronto cae, al menos sobre el papel, en la segunda categoría. Los tres niveles de gobierno, federal, provincial y municipal, confirmaron un acuerdo para inyectar mil quinientos millones de dólares a lo largo de una década con un solo objetivo: reducir los cargos de desarrollo que encarecen cada vivienda nueva que se levanta en la ciudad.

Los development charges son las tarifas que la ciudad cobra a los constructores cada vez que se aprueba un proyecto residencial. Ese dinero financia infraestructura: tuberías, carreteras, autobuses. Pero al mismo tiempo encarece cada unidad antes de que alguien ponga un pie adentro. Y en Toronto, esas tarifas se habían convertido en un muro.

¿Qué cambia con este acuerdo?

El plan es directo: la ciudad se comprometió a recortar entre el cuarenta y el sesenta por ciento de esos cargos entre ahora y 2029, dependiendo del tipo de vivienda. A cambio, Ottawa y Ontario cubren la diferencia con fondos del programa Canada-Ontario Partnership to Build. La alcaldesa Olivia Chow y los ministros federales y provinciales firmaron juntos.

La reducción se traduce en algo concreto para quien piense en comprar: alrededor de ochenta y tres mil dólares menos por cada casa unifamiliar nueva. Para edificios de apartamentos, la baja es proporcional por unidad. La ciudad calcula que esto destraba la construcción de unas cuarenta y cuatro mil viviendas que, sin ese alivio, no llegarían al mercado.

¿A dónde va el dinero?

Lo que le quita presión al constructor no desaparece. Alguien tiene que seguir pagando el alcantarillado y los buses. Ahí es donde entran los mil quinientos millones: se destinan a proyectos ya aprobados en el plan de capital de la ciudad. Nuevas líneas de autobús de la TTC. Mejoras en la señalización del metro en la Línea 2. Tuberías de agua en el Lower Don Lands y el sur de Leslieville. Expansión de carreteras.

Es un intercambio: los constructores pagan menos por entrar, y el gobierno asume el costo de la infraestructura que antes financiaban esos cargos. La teoría es que más viviendas accesibles compensan la inversión pública a largo plazo.

¿Llega esto a quienes rentan?

Esa es la pregunta que importa. Que un constructor ahorre no significa automáticamente que el inquilino final pague menos. Pero las organizaciones del sector inmobiliario, como la Toronto Regional Real Estate Board, argumentan que reducir los costos de entrada sí ayuda a que se inicien más proyectos de vivienda asequible.

Toronto lleva años en un ciclo donde la demanda supera la oferta por mucho. Cada barrera que encarece construir contribuye a que haya menos proyectos en marcha. Si la reducción efectivamente destapa la tubería de construcción, el efecto debería sentirse en el mercado de renta dentro de unos años. No mañana.

Para las familias inmigrantes que rentan en Scarborough, North York o Etobicoke, donde la presión de vivienda es más fuerte, la promesa sigue siendo eso: una promesa. Pero al menos ahora hay dinero detrás.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter