Canadá tantea ser miembro asociado de la Unión Europea, y la movilidad de personas está en la lista

The Wall Street Journal reveló el 13 de septiembre que Mark Carney viene explorando con líderes europeos un estatus de «miembro asociado» para Canadá. La Unión Europea no tiene hoy ninguna categoría con ese nombre, y su propio embajador en Canadá dice que lo que están diseñando es distinto de lo que el bloque tiene con cualquier otro socio.
¿Qué cubriría ese estatus?
Según lo reportado, la idea es facilitar el movimiento de bienes, servicios y trabajadores dentro de cadenas de suministro consideradas estratégicas: energía, inteligencia artificial, defensa y minerales críticos. Sobre la mesa hay además proyectos de infraestructura conjunta, desde cables submarinos y centros de datos compartidos hasta redes satelitales y las instalaciones para llevar energía canadiense a Europa.
¿Por qué ahora?
Por dependencia. Dos tercios de las exportaciones canadienses van hoy a Estados Unidos, y ese mercado se volvió terreno hostil: aranceles del 50% sobre casi 28.000 millones de dólares en bienes canadienses, contra-aranceles canadienses sobre 629 productos estadounidenses desde el 8 de septiembre, y una prohibición total a la entrada de alcohol canadiense que arranca el 29.
Hay un detalle que toca de cerca a cualquiera con pasaporte canadiense: según ese mismo reporte, Carney ha conversado con líderes europeos, y en particular con Emmanuel Macron, la posibilidad de que los canadienses puedan vivir y trabajar en la Unión Europea sin visa. El embajador del bloque en Canadá adelantó que están diseñando para el país algo distinto de lo que tienen con cualquier otro socio. Y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, resumió el ambiente con una frase que ya circula en Ottawa: «sería lindo que Canadá fuera el estado 28 de la Unión Europea en vez del 51 de Estados Unidos».
¿Qué viene en el calendario?
Carney se reúne con Emmanuel Macron el 20 de septiembre en San Pedro y Miquelón, el archipiélago francés frente a las costas de Terranova y Labrador. En la agenda hay aeroespacial, energía, minerales críticos y tecnologías avanzadas como computación cuántica, satélites y supercómputo. No se espera un acuerdo ahí mismo; el posible anuncio sería en una cumbre de finales de octubre, después de consultar a los estados miembros y a las provincias canadienses.
¿Y esto en qué toca a quien vive acá?
En el capítulo de movilidad, si es que sobrevive la negociación. Un régimen de movilidad entre Canadá y la Unión Europea cambiaría las condiciones para estudiar, trabajar y validar títulos entre los dos lados del Atlántico, algo que hoy implica trámites separados por cada país. Para el residente permanente o el ciudadano canadiense de origen latinoamericano, sería una puerta nueva que hoy no está.
Conviene bajar las expectativas. Ni la embajada de Canadá en Bruselas, ni la Comisión Europea, ni la oficina de Macron respondieron a las solicitudes de comentario sobre el reporte; lo único que la oficina del presidente francés confirmó fue la reunión del 20 de septiembre. Y los acuerdos anteriores entre Canadá y la Unión Europea ya se atascaron en la ratificación de los estados miembros, que es donde estas cosas se demoran años.
Entre la idea y la firma hay mucho trecho
Lo confirmado es la reunión del 20 de septiembre. Todo lo demás sigue en el terreno de lo que se conversa a puerta cerrada, y vale seguirlo con esa advertencia puesta.
Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter




