Canadá dejó de cobrar el impuesto al carbono a los consumidores, pero la factura climática no desapareció

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Algo cambió en las gasolineras canadienses desde abril del año pasado y mucha gente ni se enteró de por qué. El litro de gasolina bajó entre ocho y doce centavos de un día para otro. No fue una promoción ni una guerra de precios. Fue el gobierno federal eliminando el impuesto al carbono que pagaban los consumidores.

La medida fue una de las primeras decisiones del gobierno de Mark Carney, quien llegó al poder prometiendo aliviar el costo de vida sin abandonar la lucha contra el cambio climático. La pregunta que nadie terminó de responder es si se puede hacer las dos cosas al mismo tiempo.

¿Qué era exactamente el impuesto al carbono?

Se llamaba oficialmente “cargo federal por combustibles” y funcionaba así: cada vez que alguien llenaba el tanque, pagaba un recargo proporcional a las emisiones de carbono que generaba ese combustible. El dinero recaudado volvía a los hogares canadienses a través de un reembolso trimestral llamado Canada Carbon Rebate. La idea era que contaminar costara, pero que el ciudadano promedio no perdiera plata en el proceso.

El problema es que la mayoría de la gente sentía el golpe en la gasolinera, pero no asociaba el cheque trimestral con el impuesto. Políticamente, se convirtió en un lastre. Carney lo eliminó. El último reembolso se envió en abril de 2025 y con eso se cerró ese capítulo.

¿Entonces ya nadie paga impuesto al carbono en Canadá?

No exactamente. Lo que desapareció fue la parte que tocaba el bolsillo del consumidor. La otra mitad del sistema, el precio al carbono industrial sigue en pie y de hecho va a subir. Las grandes empresas que emiten cantidades significativas de gases de efecto invernadero siguen pagando bajo un sistema llamado Output-Based Pricing System, y el plan del gobierno es que ese precio llegue a 170 dólares por tonelada para 2030.

Organizaciones ambientales advirtieron que eliminar la parte del consumidor debilita la señal de precio que se suponía iba a cambiar los hábitos de consumo. El Climate Action Tracker, un organismo independiente que evalúa las políticas climáticas de cada país, calificó la decisión como un retroceso significativo. Por otra parte hay quienes afirman, que esto reafirma una política que busca penalizar a los que producen y no a los que consumen. 

¿Cómo afecta esto a las familias inmigrantes?

Por un lado, la gasolina cuesta menos. Para quien maneja al trabajo todos los días o depende del auto para llevar a los hijos a la escuela, eso se nota. Pero por el otro lado, desapareció el reembolso trimestral que muchas familias de ingreso bajo, incluidas muchas familias inmigrantes recibían. Dependiendo del tamaño de la familia y de la provincia, ese cheque podía representar varios cientos de dólares al año.

El gobierno prometió reemplazarlo con incentivos para comprar electrodomésticos eficientes, vehículos eléctricos y mejorar el aislamiento de las casas. Pero esos incentivos benefician sobre todo a quienes ya tienen casa propia y pueden hacer esas inversiones. Para una familia que alquila un departamento y apenas cubre el mes, el cálculo no cierra igual.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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