Bradford propone obligar a los arrendadores a enfriar los apartamentos

Mientras Chow anunciaba almuerzos escolares, Brad Bradford presentó este lunes su propio paquete, dirigido a quien alquila. Son tres frentes: perseguir los desalojos disfrazados de renovación, poner un tope legal al calor dentro de las viviendas de alquiler, y empujar construcción asequible. El dato que sostiene el segundo punto es grande: hay 271.000 unidades de alquiler en Toronto sin aire acondicionado.

¿Qué es eso del estándar de calor?

Hoy la ciudad obliga al arrendador a mantener como mínimo 21 grados dentro de la vivienda entre el 1 de octubre y el 15 de mayo. Lo que no existe es el espejo de esa regla: no hay ninguna temperatura máxima ni obligación de enfriar. Es decir, le exigen que su apartamento no esté demasiado frío en enero, pero nadie le exige que no sea un horno en julio.

Bradford propone crear ese estándar: un requisito mínimo de enfriamiento en unidades de alquiler, empezando por las torres más viejas y por los edificios de Toronto Community Housing. Suma además ampliar el programa de beneficio de aire acondicionado que ya existe para adultos mayores de bajos ingresos y para residentes con necesidad médica.

Acá va la letra chica, y es importante: un informe del personal municipal advierte que los propietarios podrían trasladarle a los inquilinos el costo de cumplir con ese estándar. O sea que la medida podría terminar reflejándose en la renta.

¿Y lo de los desalojos?

Toronto aprobó en julio de 2025 un reglamento que obliga a sacar licencia para desalojar por renovación, que es la famosa renoviction, el truco de decir que el edificio necesita obras para sacar al inquilino y volver a alquilar más caro.

El problema que señala Bradford no es que falte la norma, sino que no se sabe si funciona. No hay métricas públicas de cumplimiento. Su propuesta es hacerla cumplir de verdad y montar un tablero público donde cualquiera pueda ver los resultados.

¿Qué propone para que se construya más?

Dos cosas bastante técnicas, pero que se entienden rápido.

La primera es dejar de negociar caso por caso con las organizaciones sin fines de lucro que quieren construir vivienda asequible, y poner en su lugar un marco de densidad predecible. Traducido: reglas claras de antemano sobre cuánto se puede construir, en vez de una negociación distinta cada vez.

La segunda es ampliar un fondo rotatorio de predesarrollo que hoy tiene 10 millones de dólares y presta sin intereses hasta 50.000 dólares por unidad asequible. A eso le suma financiar programas de prevención de desalojos.

Lo que un inquilino debería preguntarse

La mayoría de los hispanos en Toronto alquila, así que esta es de las propuestas que más directo pegan en nuestra comunidad. Pero conviene leerla con la pregunta correcta en la mano.

Si usted vive en una torre vieja sin aire, el estándar de calor le cambiaría la vida en julio. Si además su edificio está en la mira de una renovación sospechosa, el tablero público de cumplimiento le daría algo que hoy no tiene, que es evidencia.

Ahora, la advertencia del informe municipal sobre el traslado de costos es real y no conviene ignorarla. Entre un verano habitable y una renta más alta hay una tensión que ninguna de las dos campañas ha resuelto en público todavía.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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