Banderas, gritos y un nudo en la garganta: así se vivió el martes mundialista en la Toronto latina

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Había un señor con una camiseta de Panamá desteñida sentado en un banco de Fort York a las seis de la tarde, con una cerveza a medio tomar y los ojos clavados en la pantalla gigante. No celebraba. No se quejaba. Solo miraba, como quien sabe que está viendo algo que no va a repetirse pronto. A su lado, su hija, que no tendría más de diez años le preguntó si Panamá podía ganar el siguiente partido. Él le dijo que no. Que ya no había siguiente partido.

El martes veintitrés de junio fue un día largo para los latinos de Toronto. Uno de esos días en los que el fútbol deja de ser fútbol y se convierte en otra cosa: en la excusa para juntarse, para hablar en español en voz alta sin que nadie te mire raro, para sentir que la ciudad en la que elegiste vivir también te pertenece un poco.

Panamá se despidió en Toronto

El partido de las siete de la noche en BMO Field fue, sobre el papel, Croacia contra Panamá. En la calle fue otra cosa. Desde las tres de la tarde, una caravana de panameños recorrió el tramo entre Trinity Bellwoods Park y el estadio agitando banderas y cantando. Algunos llevaban sombreros pintao. Familias enteras. Abuelos que caminaban despacio y adolescentes que no caminaban: trotaban.

Croacia ganó uno a cero con un gol en el segundo tiempo. Un cabezazo limpio que dejó sin aire a la hinchada panameña. Con la derrota, Panamá quedó eliminada del Mundial sin haber marcado un solo gol en el torneo. Dos partidos, dos derrotas por la mínima, y un regreso a casa más temprano de lo que nadie quería.

Pero lo que quedó después del pitazo final no fue silencio. Los panameños aplaudieron a su equipo de pie. Algunos lloraban, claro. Otros se abrazaban con desconocidos que usaban la misma camiseta roja. Un aficionado que se identificó como Armando dijo algo que varios repitieron de distintas maneras a lo largo de la noche: que dentro del estadio se sentía como estar en familia.

Colombia ganó y la fiesta se trasladó a las calles

Mientras Panamá se despedía en Toronto, Colombia jugaba a las diez de la noche contra la República Democrática del Congo en Guadalajara. Pero en Toronto se vivió como si fuera un partido local. Los bares de la Avenida St. Clair West, los restaurantes de Kensington Market, el Mundo Sports Bar en Yonge Street: todo estaba lleno de camisetas amarillas.

El gol llegó sobre el final del partido, cuando la tensión ya se podía cortar con la mano. Colombia sumó dos victorias en dos partidos y tiene la clasificación a octavos de final prácticamente asegurada, con un último encuentro contra Portugal que se jugará el viernes.

En un restaurante colombiano del oeste de la ciudad, un grupo de familias celebraba con tamales y empanadas que alguien había preparado de antemano, como quien da por hecho que habrá motivo para brindar. Una mujer contó que llevaba quince años en Canadá y que nunca había visto tantas banderas colombianas juntas fuera de Bogotá.

Una ciudad que se reconoce en el fútbol

Lo que ocurrió ayer no fue solo deporte. El Fan Fest de Fort York, financiado con fondos municipales y federales, se convirtió durante estas semanas en algo que Toronto llevaba tiempo necesitando: un espacio donde la diversidad de la ciudad no es un eslogan sino algo que se ve, se oye y se huele en los puestos de comida.

Los panameños marcharon junto a los croatas por las mismas calles. Los colombianos festejaron al lado de congoleños que lamentaban la derrota de su equipo. Y los canadienses, que mañana juegan contra Suiza un partido que podría llevarlos a octavos por primera vez en la historia, observaban todo desde las terrazas, quizás preguntándose si así se siente tener un Mundial en casa.

Para la comunidad latina de Toronto, este martes fue un recordatorio. De que el fútbol no necesita traducción. De que una camiseta amarilla o una roja con estrellas blancas es, a veces, la forma más directa de decir de dónde vienes sin que nadie te lo pregunte. Y de que esta ciudad, con todo lo que le falta, a veces sí funciona como promete: como un lugar donde cabe el mundo entero.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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