Usar inteligencia artificial para escribir un relato de asilo ya está prohibido en Canadá

Desde el lunes 7 de septiembre rige una directriz del tribunal que decide los casos de refugio en Canadá: nadie puede usar inteligencia artificial para generar o modificar el relato con el que una persona sustenta su solicitud. La regla no distingue entre quien tiene abogado y quien se defiende solo, y quien la incumpla se arriesga a que le rechacen los documentos o a que el propio tribunal dude de su credibilidad.

¿Qué prohíbe exactamente la nueva regla?

La directriz, firmada el 10 de julio por Manon Brassard, presidenta de la Comisión de Inmigración y Refugiados de Canadá (IRB, el tribunal administrativo que resuelve las solicitudes de refugio), es directa: “Las partes no deben usar IA para generar o cambiar materialmente contenido que reporte o refleje la evidencia de una persona”.

En la práctica eso cubre lo más importante del expediente: el relato de la solicitud, conocido como Basis of Claim, las declaraciones juradas, los testimonios de testigos, y también las fotos y los videos que se presenten como prueba. Nada de eso puede salir de una herramienta de IA ni pasar por ella para ser reescrito.

Lo que sí se permite son las funciones menores de siempre: corrector ortográfico, corrección gramatical y formato del documento, mientras no cambien el contenido.

¿Y si igual se usó la IA para otra cosa?

Hay que decirlo, por escrito y dentro del documento. Cuando la IA generó o modificó materialmente algún texto, el archivo debe llevar una declaración con una fórmula precisa: que se usó inteligencia artificial, que todo el contenido generado fue revisado y verificado, y el nombre de quién lo verificó.

El uso de IA para transcribir o traducir siempre debe declararse, sin excepción, y el traductor humano sigue obligado a firmar su propia declaración como hasta ahora. Este punto merece atención especial para la comunidad hispana: traducir con una herramienta automática una partida de nacimiento, una denuncia policial o una carta de amenazas, y presentarla sin avisar, ya es una falta bajo la nueva regla.

¿Qué pasa si alguien no cumple?

La lista de consecuencias que se reserva la IRB es amplia y ninguna es menor. Puede negarse a aceptar el documento, puede sacar conclusiones negativas sobre la credibilidad de quien lo presenta, puede informar del caso al colegio profesional que regula al abogado o consultor involucrado, puede restringirle a ese representante la posibilidad de comparecer, y puede tomar cualquier otra medida que considere necesaria.

La segunda de esas consecuencias es la más grave para el solicitante. En un caso de refugio, la credibilidad lo es casi todo: si el tribunal empieza a dudar de que la historia contada sea propia, el expediente entero queda comprometido, aunque la persecución que la motivó sea real.

¿De dónde salió esta preocupación?

Ya en abril, funcionarios federales habían advertido que la IA se estaba usando para fabricar contenido en solicitudes migratorias y de asilo. Un vocero de IRCC reconoció entonces que se habían detectado casos en que la inteligencia artificial ayudó a generar solicitudes fraudulentas, con referencias a fallos judiciales que no existen, precedentes legales que no sostenían lo que se alegaba, e historias de persecución inventadas de principio a fin.

El efecto colateral es que esos expedientes alargan la revisión de todos los demás. Tanto IRCC como la IRB están usando ahora herramientas de aprendizaje automático para detectar narrativas falsas, documentos manipulados y fotografías alteradas, aunque ninguna de las dos usa inteligencia artificial para tomar la decisión final sobre un caso: la audiencia oral sigue siendo el filtro principal.

Lo que debería cambiar desde hoy en la mesa de la cocina

Muchos solicitantes latinoamericanos llegan a este trámite sin abogado, con inglés o francés limitado, y con la tentación perfectamente comprensible de pedirle a una herramienta gratuita que les ordene el relato o les traduzca los papeles. La directriz aplica de forma explícita a esas personas, no solo a los profesionales.

La lectura práctica es simple: la historia tiene que estar escrita en las propias palabras de quien la vive, aunque queden torpes, aunque tengan faltas. Para la traducción de documentos conviene un traductor humano que firme, y si por alguna razón hubo IA de por medio, declararlo desde el principio sale mucho más barato que explicarlo después ante el tribunal.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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