El curioso día en que Gran Bretaña perdió 11 días del calendario

Hubo un momento en la historia en el que, literalmente, once días desaparecieron del calendario británico. En septiembre de 1752, Gran Bretaña y sus colonias realizaron un cambio que hizo que el miércoles 2 de septiembre fuera seguido directamente por el jueves 14 de septiembre.

Los días comprendidos entre el 3 y el 13 de septiembre simplemente no aparecieron en los calendarios oficiales de ese año.

La razón fue la decisión de Gran Bretaña de abandonar el calendario juliano y adoptar el calendario gregoriano, que había sido introducido por el papa Gregorio XIII en el siglo XVI y que ya era utilizado por buena parte de Europa Occidental.

Gran Bretaña había rechazado inicialmente el nuevo sistema por razones principalmente religiosas. El calendario gregoriano había sido impulsado por la Iglesia Católica y, en un contexto marcado por las divisiones religiosas de Europa, fue considerado durante mucho tiempo una innovación vinculada al catolicismo.

Once días para corregir un desfase de siglos

El calendario juliano utilizaba una estimación ligeramente incorrecta de la duración del año solar. Aunque la diferencia era pequeña, con el paso de los siglos fue acumulándose hasta producir un desfase significativo entre el calendario y las estaciones astronómicas.

Para el siglo XVIII, el calendario británico estaba 11 días por detrás del calendario utilizado en gran parte de Europa. La solución fue aprobada por el Parlamento mediante la Ley del Calendario de 1751, que estableció las modificaciones necesarias para adoptar el sistema gregoriano. Así, cuando llegó septiembre de 1752, las autoridades eliminaron esos once días para corregir el desfase. El miércoles 2 de septiembre fue seguido por el jueves 14 de septiembre.

El cambio se aplicó no solo en Gran Bretaña, sino también en sus colonias, incluyendo territorios de América del Norte que posteriormente formarían parte de Estados Unidos. La modificación permitió que el calendario británico volviera a sincronizarse con el utilizado en otros países europeos y con el ciclo de las estaciones.

Contrario a una historia popular que se ha repetido durante generaciones, no existen evidencias de que multitudes de personas hayan salido a las calles a exigir que les devolvieran los once días. El cambio tampoco significó que los trabajadores perdieran once días de salario o que los contribuyentes tuvieran que pagar impuestos adicionales por jornadas que desaparecieron del calendario.

Redacción de: Karen Rodríguez A.

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