Termina el TPS para más de un millón de venezolanos, haitianos, hondureños y nicaragüenses, y algunos ya cruzan hacia Canadá a pedir asilo

Entre fallos de la Corte Suprema y de cortes de apelaciones a lo largo de este año, el gobierno de Trump logró cerrar el Estatus de Protección Temporal, conocido por su sigla en inglés TPS, para Venezuela, Haití, Honduras y Nicaragua. Más de un millón de personas se quedan así sin permiso de trabajo ni protección contra la deportación en Estados Unidos. Una parte de ellas ya está cruzando la frontera hacia Canadá para pedir refugio, aunque hoy ese camino es mucho más estrecho de lo que era hace apenas una década.

¿A cuánta gente deja sin protección esta decisión?

Según datos del centro de investigación Pew, la designación de TPS quedó terminada para 616.100 venezolanos, 334.900 haitianos, 51.000 hondureños y 2.900 nicaragüenses, un total que supera el millón de personas solo entre estos cuatro países. La salida de Venezuela es, de lejos, la más numerosa: representa más de la mitad de todos los casos. El fin del TPS para Honduras y Nicaragua venía y volvía en los tribunales desde comienzos de año, hasta que el 9 de febrero el Noveno Circuito de Apelaciones autorizó, mediante una suspensión de emergencia, que la terminación siguiera adelante mientras continúa la apelación; el de Haití quedó sellado el 25 de junio, cuando la Corte Suprema avaló que Washington podía terminarlo para unos 350.000 beneficiarios.

¿Por qué Canadá ya no es la salida fácil que fue antes?

Quien cruza hoy la frontera terrestre entre Estados Unidos y Canadá para pedir asilo choca de entrada con el Acuerdo de Tercer País Seguro, que obliga a solicitar protección en el primer país donde se pisa suelo seguro. En la práctica, eso significa que a la mayoría de quienes cruzan por un puesto fronterizo oficial los devuelven a Estados Unidos para que tramiten su caso allí, salvo que califiquen para alguna de las excepciones puntuales del acuerdo. Cifras oficiales de IRCC muestran que las solicitudes de asilo presentadas en puertos de entrada terrestres cayeron 81% entre enero y junio de este año frente al mismo período de 2024 (de unas 36.015 a 6.825), un desplome que coincide con el endurecimiento de las reglas migratorias en ambos países.

“Sentimos que ya no tenemos que luchar por un trato justo”

La Nación contó días atrás la historia de Gemima Cadet, una haitiana de 32 años que vivió 16 años en Florida antes de perder su TPS. Ella y su madre cruzaron hacia Canadá en enero por la frontera terrestre, y siete meses después todavía esperan que un juez resuelva su solicitud de asilo, mientras la madre intenta revalidar su título de enfermera y Cadet trabaja en comunicaciones. Su caso es el de una haitiana, no el de una latina, pero el trámite que enfrentó (cruzar, presentarse, esperar) es exactamente el mismo que hoy tienen delante los venezolanos, hondureños y nicaragüenses que se quedaron sin TPS.

Un camino mucho más incierto que antes

Para la familia latina en Canadá con parientes bajo TPS en Estados Unidos, conviene tener esto claro: cruzar la frontera ya no es la puerta abierta que fue hace más de una década. Es un trámite incierto, con reglas más duras que antes y sin ninguna garantía de que termine en una respuesta favorable.

Redacción de Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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