Toronto obliga a los edificios de alquiler a ofrecer un espacio fresco, pero la medida tiene letra pequeña

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Cualquiera que haya pasado un verano en un apartamento viejo de Toronto sin aire acondicionado sabe lo que significa dormir a treinta y tantos grados con las ventanas abiertas y un ventilador que apenas mueve el aire caliente de un lado a otro. Para miles de familias inmigrantes que viven en edificios de renta antigua, esos towers de ladrillo repartidos por Thorncliffe Park, St. James Town o los bloques de Jane and Finch, el calor del verano no es una incomodidad menor. Es un problema de salud.

Desde el primero de junio, la ciudad de Toronto exige que los edificios inscritos en el programa RentSafeTO ofrezcan al menos un espacio común con temperatura controlada a no más de 26 grados centígrados, disponible para todos los residentes entre junio y septiembre. La medida suena bien. Pero conviene leer la letra pequeña antes de celebrar.

¿Qué cubre exactamente esta regla?

Lo primero que hay que entender es lo que esta norma no hace: no obliga a que cada apartamento tenga aire acondicionado. Tampoco exige que el edificio instale equipos de enfriamiento donde no los haya. Lo que pide es que, si el edificio tiene un espacio de uso común, un salón comunitario, una sala de recreación, ese espacio se mantenga fresco durante los meses de calor.

Los pasillos, los lobbies y los cuartos de lavandería no cuentan como espacios válidos. Tiene que ser un área destinada al uso social o recreativo de los residentes, accesible para todos. El administrador del edificio debe publicar los horarios de apertura en el tablón de avisos.

¿Por qué importa para la comunidad latina?

Una parte significativa de la comunidad hispana en Toronto vive en edificios que entran dentro de RentSafeTO: torres de alquiler construidas hace décadas, muchas sin sistemas de refrigeración modernos. Son los mismos edificios donde los propietarios a veces tardan semanas en arreglar una gotera, donde las cucarachas son viejas conocidas y donde la calefacción en invierno funciona a medias.

Para las personas mayores que viven solas, para los niños pequeños y para quienes trabajan turnos nocturnos y necesitan descansar durante el día, tener un lugar fresco al que ir puede marcar la diferencia entre un verano incómodo y una emergencia médica. Los golpes de calor no discriminan, pero sí afectan más a quienes tienen menos recursos para protegerse.

Lo que falta

Organizaciones de defensa de inquilinos han señalado que la medida, aunque es un paso adelante, se queda corta. Un salón comunitario fresco no reemplaza un apartamento habitable durante una ola de calor. Y muchos edificios simplemente no tienen ese espacio común, lo que los deja fuera del alcance de la norma. Además, la fiscalización depende de que alguien haga la denuncia, y en comunidades donde el idioma es una barrera y el miedo al propietario es real, las quejas no siempre llegan.

El verano en Toronto apenas empieza. Para quienes viven en esos pisos altos sin ventilación cruzada, donde la temperatura adentro puede superar la de afuera, saber que existe esta regla es un primer paso. Exigir que se cumpla es el siguiente.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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