Vivir solo puede encarecer significativamente la alimentación, advierten expertos

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Las personas que viven solas enfrentan un desafío económico poco visible pero cada vez más relevante: pagar más por sus alimentos. Aunque la inflación alimentaria ha afectado a todos los hogares, especialistas en consumo señalan que quienes compran únicamente para sí mismos suelen asumir costos proporcionalmente mayores en comparación con familias o parejas que pueden compartir gastos y aprovechar economías de escala.

De acuerdo con expertos en presupuesto familiar y comportamiento del consumidor, gran parte del problema radica en la forma en que se comercializan los productos alimenticios. Muchos artículos se venden en presentaciones diseñadas para hogares de varias personas, lo que obliga a quienes viven solos a elegir entre comprar cantidades excesivas o pagar más por porciones individuales que suelen tener un costo unitario más elevado.

Esta situación se refleja especialmente en productos frescos como frutas, verduras, pan, lácteos y carnes, donde el desperdicio de alimentos se convierte en un factor adicional de gasto. Cuando una persona no logra consumir los productos antes de su fecha de vencimiento, parte de la compra termina desechándose, incrementando el costo real de la alimentación.

El desafío de comprar para una sola persona

Especialistas en economía doméstica explican que los hogares unipersonales no pueden beneficiarse de muchas de las estrategias de ahorro más comunes. Las promociones por volumen, los paquetes familiares y las ofertas de tipo “lleve dos y pague uno” suelen resultar menos convenientes para quienes viven solos, ya que muchas veces no pueden consumir esos productos antes de que pierdan calidad o se dañen.

Además, algunos estudios muestran que las personas que viven solas destinan una mayor proporción de sus ingresos a gastos fijos como vivienda, servicios básicos y alimentación. Esta realidad ha cobrado mayor relevancia debido al aumento sostenido del costo de vida en numerosas ciudades de América del Norte y otras regiones del mundo.

Los expertos recomiendan algunas estrategias para reducir el impacto económico, como planificar los menús semanales, congelar porciones sobrantes, compartir compras con familiares o amigos y priorizar productos que puedan conservarse durante más tiempo. También sugieren comparar precios por unidad de peso o volumen, ya que los envases pequeños no siempre representan un ahorro real.

A medida que aumenta el número de hogares unipersonales en muchos países, algunos analistas consideran que supermercados y fabricantes podrían comenzar a adaptar su oferta a esta realidad demográfica, desarrollando más productos en formatos adecuados para una sola persona sin que ello implique un incremento desproporcionado en el precio.

Redacción de: Karen Rodríguez A.

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