Canadá ganó su primer partido en la historia de los mundiales y los latinos salieron a celebrarlo como propio

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La escena en el Fan Fest de Fort York, en Toronto, era difícil de inventar. Banderas de Colombia junto a banderas de Canadá. Camisetas de México mezcladas con bufandas rojas de la hoja de maple. Familias enteras que habían llegado desde Mississauga, desde Brampton, desde Scarborough, con hieleras y parlantes, para ver un partido de la selección de un país que muchos llevan apenas unos años llamando hogar. Y cuando el pitazo final confirmó el resultado, el grito fue colectivo, sin pasaportes.

Canadá goleó a Qatar por seis goles a cero en Vancouver y consiguió algo que nunca antes había logrado: ganar un partido en un Mundial masculino de fútbol. Lo hizo en casa, frente a más de cincuenta mil personas en el BC Place, y lo hizo de una manera que dejó poco lugar a dudas.

La noche de Jonathan David

El hombre del partido fue Jonathan David, un delantero de 26 años nacido en Nueva York, criado en Ottawa, formado en la liga belga y hoy figura del fútbol francés. David anotó tres veces. 

Pero la goleada no empezó con David. Cyle Larin abrió el marcador al minuto 16 con un remate rápido después de un rebote dentro del área. Nathan Saliba sumó el cuarto con un tiro libre en el minuto 64. Y un autogol completó la cuenta. Seis goles. Cero en contra. Primera victoria mundialista. La comparación que circuló en redes fue inevitable: David se convirtió en el primer jugador en anotar un hat-trick mundialista en suelo propio desde Geoff Hurst en la final de 1966.

La jugada que cambió el tono del partido

Al minuto 33, con el marcador todavía ajustado, el defensor catarí Homam Ahmed derribó a Tajon Buchanan cuando el canadiense se escapaba solo hacia el arco. El árbitro inicialmente señaló penal, pero la revisión en video determinó que la falta había sido justo fuera del área. El penal se anuló. La tarjeta roja, no. Qatar se quedó con diez jugadores y el partido cambió de naturaleza. Lo que hasta ese momento era un encuentro peleado se transformó en un ejercicio de control canadiense.

La decisión generó polémica. Los jugadores cataríes protestaron con vehemencia. Desde su perspectiva, si la falta no era dentro del área, la sanción debía ser menor. Pero la regla es clara: cuando se impide una oportunidad manifiesta de gol, la roja se mantiene sin importar dónde ocurra la infracción. Sin embargo, múltiples periodistas deportivos dicen que no ven falta en la jugada, es decir. Según muchos no era tiro libre, ni penal, ni roja. 

La sombra de Koné

Al inicio del segundo tiempo, con el partido ya tres a cero, vino la jugada que nadie quería ver. Ismaël Koné recibió el balón en la mitad del campo y Assim Madibo, mediocampista de Qatar, llegó con una entrada que le fracturó tibia y peroné. Koné fue retirado en camilla directo al hospital, donde fue preparado para cirugía. Madibo vio la roja después de la revisión del VAR. Qatar terminó con nueve.

La tensión acumulada explotó después del pitazo final. Jugadores de ambos equipos se cruzaron en la mitad de la cancha y hubo empujones que tuvieron que separar los voluntarios de FIFA y el cuerpo técnico. Jesse Marsch, el entrenador canadiense, y su contraparte catarí no se dieron la mano.

El primer ministro bajó al vestuario

Mark Carney estuvo en las gradas del BC Place y después del partido bajó al camerino canadiense. Lo que dijo ahí fue captado por las cámaras. “Es en momentos como ese donde se ve el carácter, un verdadero equipo”, les dijo a los jugadores. Y luego agregó algo que resonó más allá del fútbol: “Mostraron un nivel de carácter que algunas personas nunca logran en toda su vida. Y lo mostraron cuando todo el país, y buena parte del mundo, estaban mirando”.

Cerró diciéndoles que no podía estar más orgulloso como canadiense y que les agradecía “por todo lo que pusieron para llegar hasta aquí, para representar a la nación, a sus familias, a sus amigos, y para dar una lección”.

Un país adoptivo que también se celebra

En Nathan Phillips Square, donde la alcaldesa Olivia Chow había confirmado su presencia, la pantalla gigante se llenó de caras que no se parecían entre sí pero que gritaban lo mismo. En el Fan Fest de Fort York, familias latinas que el fin de semana van a gritar por Colombia o por México se abrazaban con desconocidos por un gol de Canadá. Eso es algo que no se explica con estadísticas.

Para la comunidad hispana en este país, la noche del jueves fue un recordatorio de algo que a veces se pierde entre trámites migratorios y formularios: que adoptar un país nuevo no significa abandonar el anterior, y que celebrar una victoria de Canadá no le quita nada a lo que cada uno lleva en el pecho. Al contrario. La imagen de una familia colombiana con la camiseta de la hoja de maple dice más sobre integración que cualquier programa gubernamental.

Canadá lidera el Grupo B y tiene la clasificación a la siguiente ronda prácticamente asegurada. La fiesta sigue. Y esta vez, los latinos no la están viendo de lejos.

Redacción de: Mauricio Navas Talero LJI Reporter

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